Conciertos
TEMPORADA BOS 9
Sinfónica de Barcelona: El caballero de la rosa
ORQUESTRA SIMFÒNICA DE BARCELONA i NACIONAL DE CATALUNYA
P. Hindemith: Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Weber
L. van Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 4
R. Strauss: El caballero de la rosa, suite
Josep María Colom, pianoa/piano
Eiji Oué, zuzendaria/director
FECHAS
Venta de abonos, a partír del 8 de julio.
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Joan Guinjoan nació en Riudoms (Tarragona) en 1931 y estudió en el Conservatorio Superior del Liceu de Barcelona. A partir de 1953 comenzó a dar recitales de piano y pasó al año siguiente a Paris, donde continuó estudios de piano y estudió también composición, orquestación, etc. Ha dirigido asimismo orquestas de Europa y América, así como obtuvo numerosos premios.
En 1960 dejó su carrera de pianista, en la que había dado más de 250 recitales y se dedicó a la composición. Tras sus estudios en Barcelona con el maestro C. Taltabull, pasó en 1962 a París, para seguir de nuevo con estudios de composición. De vuelta a Barcelona, fundó en 1964 el conjunto Diabolus in Musica. Posee Guinjoan muchas piezas musicales, incluida la ópera “Gaudí”, con texto de J.M. Carandell y compuesta entre 1989 y 1992 y que se estrenó en el Liceu de Barcelona en 2004.
La obra “Pantonal” fue compuesta en 1998, en homenaje a la Orquesta de Cadaqués y dedicada a su nieta Isabel Guinjoan. Se dice que esta obra está definida como un divertimento pensado en amplia total libertad para la plantilla de una orquesta clásica. Es una partitura que adopta un notable carácter de danza. Está escrita con una estructura en tres partes: un Giocoso que ejerce la presentación de todo el material, un Calmo de carácter más evocador y un aire Giocoso que recopila los elementos, precedidos por una breve introducción. Se ha escrito sobre esta pieza que aunque sea breve no excluye el cuidado tímbrico, rítmico y armónico.
El Concierto n. 4 para piano y orquesta, opus 58 de Beethoven, en Sol mayor, se editaría en Viena en 1808, se estrenó en el palacio del príncipe Lobkowitz en 1807 y se había terminado en 1806, si bien había sido comenzado en 1803, al mismo tiempo que la composición de la Sinfonía Heroica. Este concierto tiene estos movimientos: Allegro moderato, Andante con moto y Rondó:Vivace. En su orquestación posee cuerdas, flauta, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas y timbales.
Como escriben Jean y Brigitte Massin, a propósito de la ejecución de este cuarto concierto, cuenta Ries: “Beethoven vino un día a mi casa, llevaba su cuarto concierto en Sol mayor bajo el brazo, y me dijo: “Debéis tocar esto el próximo sábado en el Kärnerthortheater”, sólo me quedaban cinco días para estudiarlo”. Como explican Amedeo Poggi y Edgar Vallora, este concierto se ha incluido entre las incontestables obras maestras beethovenianas: “Gracias a su impronta de libre improvisación, poco ambiciosa pero seductora, así como a la ausencia de toda constricción formal y, sobre todo, el encanto de unas sonoridades aún inéditas en el terreno del concierto, este trabajo constata la ya plena madurez espiritual de su autor”.
El Allegro moderato sigue estando dentro de la forma sonata, se dice, pero contrariamente a la tradición, sin embargo, el tema principal se expone de golpe –dolce- por el solista, a descubierto y con una extremada simplicidad, como dice François René Tranchefort, quien explica que es un tema que recuerda un motivo de la Quinta Sinfonía, generosamente ampliado por el tutti orquestal. Durante el desarrollo en cuatro secciones, el tema inicial mantiene preeminencia y el piano debe sonar con audacia tras toda la orquesta.
El Andante con moto posee un carácter especial, con melodía tierna que, según explicó Vincent d’Indy, era casi dolorida del solista, como si fuera “la lucha entre dos personajes diferentes de carácter”. El Rondo vivace, último movimiento, es extremadamente brillante y posee el espíritu tradicional de los anteriores conciertos pero tiene al mismo tiempo innovaciones. Antes de la coda hay una cadenza.
Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Carl Maria von Weber, de Paul Hindemith, es una pieza compuesta en 1945 en EE.UU. y se estrenó en 1946 en New York. Se ha clasificado a esta obra en la tradición de variaciones sinfónicas, pero se dice que es como una breve sinfonía en cuatro movimientos. Se cuenta que Hindemith había practicado ejercicio de variación ya desde 1927, luego variaciones de concierto en 1932 y luego lo haría también en una sinfonía en 1946.
Entre los movimientos puede declararse el virtuosismo del Allegro brillante, donde toma una de las Ocho piezas op. 60, de Weber, para piano a cuatro manos. El tercer movimiento, Andantino, toma una de las Seis piezas op. 10 weberianas, así como en el movimiento final, Marcha, coge Hindemith una de las Ocho piezas op. 60, de Weber. Se dice que en toda esta obra “nunca anda lejos el humor e incluso hay algunos rasgos de parodia. Pero son sobre todo la vivacidad del discurso sinfónico, las consecuciones de una escritura orquestal perfectamente dominada”.
El caballero de la rosa, de Richard Strauss, op. 59, es una suite de valses pasa orquesta. Harold C. Schonberg titula un capítulo como “La larga coda del romanticismo. Richard Strauss”. Y cuenta cómo desde 1888, cuando se estrenó la ópera Don Juan, hasta 1911, fecha de la representación de El caballero de la rosa, el hombre más discutido de la música europea fue R. Strauss. Se explica que hasta esta obra Strauss fue un compositor que originó una permanente atmósfera de excitación y electricidad. Y se dice, ya desde Ernest Newman, que era “un compositor talentoso, que otrora fue un genio” . Y la reacción del público ante la obra de Strauss después de El caballero de la rosa coincidió con el juicio de Newman acerca del genio convertido en talento.
Tras esta ópera, ya cerca de un cuarto de siglo después escribió Strauss para orquesta la Suite de valses cuyos elementos, en 1934, tal y como explica Tranchefort, provienen del último acto de la ópera El caballero de la rosa. Y diez años más tarde compuso una nueva serie de valses a partir de los dos primeros actos. Casualmente, la suite de 1934 se convirtió en Segunda Suite, y la siguiente Primera Suite, que se estrenó en Londres en 1946 bajo la dirección de Erich Leinsdorf y ha quedado “en los programas de concierto, donde obtiene regularmente éxito”.
Tiene esta suite una duración de unos doce minutos. La orquestación posee tres flautas, tres oboes, tres clarinetes, un como di basseto, tres fagotes, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, una tuba baja, timbales y percusión, glockenspiel, dos arpas y la cuerda.
J. A. Z.
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Joaquín Achúcarro, además de su brillante carrera internacional, ha desarrollado una intensa actividad pedagógica, sobre todo en su cátedra en Dallas, de la que han surgido excelentes pianistas. Rendimos homenaje a esta faceta del maestro en la figura de su alumno y gran concertista Alessio Bax, ante ese tótem del repertorio que es el primero de Brahms. Stravinsky, una de las especialidades de Erik Nielsen y el recuerdo a nuestro Arriaga en su bicentenario completan el programa.
J. C. Arriaga
Obertura Op. 20
J. Brahms
Concierto nº 1 para piano y orquesta en re menor Op. 15
I. Stravinsky
El pájaro de fuego, Suite
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Cuando Tchaikovsky presentó al mundo su quinta sinfonía, ya era considerado el primer compositor de Rusia, un país que se tomaba muy en serio la música. Y en ella cumplió el objetivo de los grandes: sonar universal sin renunciar a sus raíces nacionales. Shostakovich, por su parte, se dió una tregua para regalar un precioso concierto, ligero, elegiaco y ensoñador, a su hijo Maxim. Para abrir, un joven Ligeti rindiendo homenaje al folklore de su Rumanía natal.
G. Ligeti
Concert Românesc
D. Shostakovich
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P. I. Tchaikovsky
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Cada visita de Lorenza Borrani es sinónimo de riesgo y emoción. En esta ocasión alternará como violinista en la maravillosa Sinfonía concertante de Mozart, junto a nuestra solista de viola Cristina Blanco, y como directora frente a la Sinfonía nº 4, apodada “Trágica” por el propio Schubert. Una obra que, como mucha de su música orquestal, el compositor no llegó a escuchar estrenada en vida.
W. A. Mozart
Sinfonía concertante para violín, viola, y orquesta en Mi bemol Mayor K.364
F. Schubert
Sinfonía nº 4 en do menor D. 417 «Trágica»
Lander Etxebarria, viola
Lorenza Borrani, violín-directora
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En años anteriores hemos disfrutado de la figura del músico turco Fazil Say, tanto en su faceta de compositor como de pianista. Con motivo del estreno de Mother Earth, su concierto para piano, tendremos el privilegio de escucharle ante su propia creación. Al frente de la orquesta, su compatriota Nil Venditti, gran conocedora de su música, quien completará el programa con la célebre “Séptima” de Beethoven.
F. Say
Grand Bazaar Op.65
F. Say
Mother Earth, Concierto para piano y orquesta
L. van Beethoven
Sinfonía nº 7 en La Mayor Op. 92
Fazil Say, piano
Nil Venditti, directora
