Conciertos

Pacho interpreta a Paquito


Palacio Euskalduna,Bilbao.   19:30 h.

Pacho Flores, trompeta
Leo Rondón, cuatro venezolano
Carlos Miguel Prieto, director

I

CARLOS CHÁVEZ (1899-1978)

Sinfonía india (Sinfonía nº 2)

PACHO FLORES (1981)

Morocota*

Pacho Flores, trompeta

PAQUITO D’RIVERA (1948)

Concerto venezolano*

Pacho Flores, trompeta
Leo Rondón, cuatro venezolano

II

GABRIELA ORTIZ (1964)

Téenek, invenciones de territorio*

JOSE PABLO MONCAYO (1912 – 1958)

Huapango

FECHAS

  • 04 de junio de 2026       Palacio Euskalduna,Bilbao      19:30 h. Comprar Entradas
  • 05 de junio de 2026       Palacio Euskalduna,Bilbao      19:30 h. Comprar Entradas

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Diálogos, colores, fusiones y energía

El programa de esta tarde, más allá de desplegar por el espacio sonoro un sinfín de ritmos y colores latinoamericanos, puede que enriquezca nuestro vocabulario. iro, joropo, huapango, morocota, agogó… son términos que resonarán hoy cosidos a unos pentagramas que nos llegan de ultramar, recordándonos que aún tenemos muchas palabras que aprender y mucha música que escuchar.

Desde el pasado siglo, la música en la América de habla hispana ha ido floreciendo alimentada por dos nutrientes principales: las corrientes de la vanguardia europea y la inquietud por desarrollar un lenguaje propio basado en las características de los dialectos locales. El resultado ha sido –y es- una música clásica que dialoga con el folklore con una espontaneidad cautivadora, incorporando ritmos multiformes, melodías mestizas y una diversidad tímbrica que procede de todos esos instrumentos surgidos de la tradición y que se alojan con naturalidad en una plantilla orquestal canónica-europea, haciendo del conjunto un espectáculo visual que llena de movimiento el escenario.

La BOS nos propone hoy cruzar el Atlántico para disfrutar de las expresiones de color y sentimiento de algunas partituras deslumbrantes nacidas en México, Cuba y Venezuela. Prepárense para un viaje tan pintoresco como estimulante.

La primera etapa de esta expedición nos traslada a México, donde nos recibe la música de Carlos Chávez (Ciudad de México, 1899 – Ciudad de México, 1978), cuyo perfil poliédrico fue la causa de que dedicara su vida profesional a la composición, la dirección de orquesta, la docencia, la escritura y la etnomusicología. Esta última faceta le llevó a bucear en los elementos representativos de las culturas indígenas mexicanas y a conocer mejor los ritmos, las melodías, las armonías y los variadísimos instrumentos musicales autóctonos de su país natal.

Desde su cátedra en el Conservatorio Nacional de Música -del que fue también director- compartió los logros de sus investigaciones con los jóvenes compositores mexicanos, con la intención de que éstos tomaran contacto pronto con su herencia musical y pudieran, a partir de ella, “crear su propio idioma, dándole color y vitalidad, vigor rítmico y heterogeneidad armónica".

En su Sinfonía India destaca una métrica rica y liberada de los patrones previsibles, repleta de cambios de tempo, ritmos cruzados y síncopas que dislocan la regularidad de la pulsación y dan a estos pentagramas un fuerte impulso motriz. Pero lo que más llamó la atención de la obra desde la premier es una plantilla orquestal que requiere una inusual cantidad de instrumentos de percusión con varios intérpretes. De hecho, en la primera versión Chávez incorporó una serie de instrumentos prehispánicos, como la sonaja de arcilla, la jícara de agua, el teponaztle (especie de tambor de hendidura) o el tlapanhuehuetl (gran tambor). Este grupo de instrumentos de tradición popular se opone, se amalgama o comenta la acción del instrumental sinfónico recordando, en cierta medida, el papel que tenía el coro en las representaciones teatrales de la Grecia clásica. En ausencia de los originales, estos instrumentos indígenas son sustituidos por sus equivalentes contemporáneos.

El primitivismo de esta sinfonía es consecuencia de la personalísima manera que tuvo Chávez de asimilar las vanguardias que proliferaban en Europa y enlazar algunas de sus audacias con las melodías y los ritmos genuinos de los primeros nativos de aquellos territorios, como los seris y los yaquis de Sonora, y los huicholes de Nayarit y Jalisco, de cuyo legado forman parte tres de los principales patrones melódicos. Todo concluye con un brillante episodio final, de métrica inexorable y energía poderosa.

Es en cierto modo paradójico –el mercado obligaba y obliga- que la Sinfonía india fuera compuesta en Nueva York y estrenada por el propio Chávez con la Orquesta de la CBS (Columbia Broadcasting System), el 23 de enero de 1936. Pocas semanas después la dirigió junto a la Orquesta Sinfónica de Boston y, ya sí, el 31 de julio de 1936 colocó la partitura en los atriles de la Orquesta Sinfónica de México, que él mismo había fundado en 1928.

Morocota es, según palabras de su autor, «un simple y agradable vals delicado en el que la inspiración sentimental va surgiendo poco a poco». La composición toma su nombre de una antigua moneda de oro de gran valor -real y simbólico- de la época colonial. Por ello, según explica Flores, «una morocota es un tesoro que se ha convertido en una fantasía». En esta pieza podemos apreciar la ductilidad de la trompeta que con su timbre, tan cálido como vibrante, vehicula una melodía amable y soñadora. A este feliz deleite se suma hoy el privilegio de oírla en la interpretación de quien la ha concebido, el trompetista venezolano Pacho Flores (San Cristóbal, 1981). Está dedicada a su madre, Mireyita, de la que asegura: «es la inspiradora de esta música, un delirio de amor.» De igual manera, Flores reconoce la profunda influencia del guitarrista venezolano Antonio Lauro, cuyos valses «resuenan en mi subconsciente». Y esa lírica belleza de la herencia musical venezolana es la que el trompetista–compositor quiso llevar a la partitura. La escribió inicialmente para  trompeta y guitarra y la ofreció, en 2022, en la versión que escuchamos aquí: trompeta solista y orquesta de cuerda.

También encontramos a Pacho Flores en la génesis del Concerto venezolano del clarinetista y saxofonista cubano Paquito D’Rivera (Marianao, 1948). Flores mismo lo estrenó en 2019 en México, con Carlos Miguel Prieto –quien dirige hoy a la BOS- al frente de la Orquesta de Minería que, junto con la Royal Liverpool Philharmonic, la Orquesta de Valencia y la San Diego Symphony, había hecho el encargo.

Una de las intenciones del compositor al abordar este concierto es ampliar de forma llamativa la tesitura y el rango de colores del solista. Las posibilidades expresivas de la trompeta se convierten aquí en espectáculo sonoro. Además, la riqueza del acompañamiento incluye una importante variedad en los instrumentos de percusión, algunos de ellos menos habituales en el repertorio clásico de una orquesta sinfónica -como el iro, las maracas o las congas- y cuyos timbres vinculamos fácilmente con la música latinoamericana. En este caso, además, hay un invitado aún más infrecuente y, por ello, altamente atractivo. Se trata del cuatro venezolano, un instrumento que guarda cierta similitud con la guitarra española, pero es de menor tamaño. Tiene solo cuatro cuerdas -de ahí su nombre- y se utiliza para animar un gran número de danzas y canciones populares, aunque su agilidad y su hermoso canto han favorecido la composición de un buen puñado de partituras para él como solista. Una de esas tradiciones con las que se asocia el cuatro venezolano es el joropo, una costumbre nacida en el siglo XVIII en Venezuela que enlaza música, baile y fiesta. Sus influencias africanas y europeas hacen de este ritual de celebración un híbrido tan deslumbrante como sugestivo. Evocación que recoge Paquito D’Rivera en estos pentagramas al pretender recordarnos –en permanente tránsito por distintos estados de ánimo- que «la vida, a fin de cuentas, es una combinación de alegrías y tristezas». También señala, con indisimulada ilusión y algo de humor, que «cada vez hay más elementos de la música latinoamericana dentro de la llamada música clásica y esto es algo muy bueno, ya que proviene de una fuente inagotable. Es como el petróleo, pero muchísimo más útil», ironiza D’Rivera. El virtuosismo, el ambiente festivo, la espectacularidad rítmica e instrumental y esa gama de sentimientos y emociones de las que nos habla el compositor, están presentes en toda la obra, pero es en la cadencia y el joropo finales, donde destacan la pasión y la vitalidad irreductibles del alma venezolana. El Concerto venezolano de Paquito DRivera obtuvo, en 2023, el “Premio Latin Grammy a la Mejor Obra/Composición Clásica Contemporánea”.

Téenek es el título que Gabriela Ortiz (Ciudad de México, 1964) dio a un trabajo de orquestación sensacional. Ella misma nos cuenta que «el vocablo téenek proviene de la región Huasteca en México y significa: un hombre de aquí, local. Durante el periodo de concepción, yo buscaba un término que tuviera que ver con el sentido de la pertenencia, la arbitrariedad de las fronteras y otros temas afines. La palabra téenek me pareció ideal, tanto por su sonido como por su significado». Con el subtítulo Invenciones de Territorio,Ortiznos recuerda esto: «las fronteras geopolíticas que nos separan son simplemente invenciones. Deberíamos abrazar nuestras diferencias y aprender a vivir juntos en este planeta». Por ello, y con la intención de utilizar la música como acicate a la reflexión para mejorar la convivencia, la partitura favorece el abrazo entre múltiples estilos musicales, desde la cumbia y el mambo hasta ritmos inspirados en el prodigioso compositor húngaro Béla Bartók, demostrando así que patrones musicales de muy diversa procedencia pueden coexistir de manera armoniosa, del mismo modo que las personas pueden cohabitar un espacio que no deja de ser bien común. La identidad y las fronteras son dos conceptos recurrentes en el pensamiento de Gabriela Ortiz. La compositora mexicana creció en un contexto familiar en que el paisaje sonoro estaba imbuido de los colores vernáculos, ya que sus padres dedicaron su vida profesional a la música de raíz popular. Después estudió en Europa, donde tomó contacto con las técnicas de creación contemporánea. De ahí que Téenek resulte un vibrante crisol donde el folklore se fusiona con la academia, fructificando en un mestizaje entre culturas antiguas y nuevos símbolos. Una suerte de metáfora con que la autora reivindica el ideal de un mundo que diluya las líneas que dividen y en el que las diferencias no propicien la separación y la rivalidad, sino el enriquecimiento de las personas y las comunidades. Para representar esa multiplicidad de identidades, Ortiz utiliza la fragmentación temática y la superposición de los desajustes aparentes que derivan de ello. De este encaje entre distintos brota la fuerza de la reunión cordial, aportando al discurso  una gran vitalidad rítmica.

La diversidad de orígenes culturales queda reflejada también en la nutrida orquestación, en la que conviven los instrumentos más convencionales con otros que nos parecen exóticos por tener su origen en el acervo popular: las claves, el cencerro, la marimba, los bongós, los crótalos, el agogó… La obra fue estrenada en 2017 por Gustavo Dudamel al frente de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que había hecho el encargo.

Huapango de José Pablo Moncayo (Guadalajara-Jalisco, 1912 – Ciudad de México, 1958) nos sale al encuentro agitando el aire de la sala con un patrón melódico-rítmico que, ágil en su brevedad, se desplaza con facilidad y vigor de una sección a otra de la plantilla orquestal. El bullicio cede algo en el corazón de la pieza, de donde nace una idea lírica, algo aniñada, que se va haciendo más y más romántica a medida que los instrumentos se reúnen en torno a ella. Con la vuelta de los temas iniciales retorna la algarabía festiva y bailable. La apoteosis final estalla en el remolino de colores tímbricos que desde el escenario se lanza sin freno, saltando de parte a parte, hacia el patio de butacas.

Moncayo nos explica con estas palabras el punto de partida de Huapango: «Mi profesor Carlos Chávez me envió a realizar una investigación a Veracruz. Llegué al puerto de Alvarado, uno de los lugares donde la música folklórica se conserva en su forma más pura, y allí me encontré con la Fiesta del Fandango». Moncayo había sido percusionista en la Orquesta Sinfónica de México -que hizo el estreno en 1941, bajo la dirección del propio Carlos Chávez- y este desempeño profesional fue un motor importante para que en el alma de la obra brille, con luz radiante, su métrica poderosa. Moncayo reconoció que, tras estar coleccionando melodías, ritmos e instrumentos durante días, «la transcripción fue muy difícil porque los huapangueros nunca cantaron la misma melodía dos veces de la misma manera.» Esta riqueza temática y rítmica emana de los tres huapangos veracruzanos que vertebran la partitura: el Siquisirí, el Balajú y el Gavilancito.

La palabra huapango procede del idioma náhuatl y recoge más de un significado: «tabla de madera» y también «en fila o hilera», aludiendo así a una danza que se baila taconeando sobre una tarima de madera, acompañada de determinados instrumentos musicales que Moncayo traslada a la orquesta de forma tan efectiva como elegante. Un ejemplo es el interludio que protagoniza el arpa hacia mitad de la obra, o los episodios en que los violines evocan a las jaranas -especie de guitarra pequeña-, por lo que sus cuerdas han de sonar rasgueadas y no frotadas. Especial mención merece, hacia el final, la sección en que la trompeta y el trombón dialogan como si fueran dos copleros del puerto de Alvarado arrojándose -en un retador toma y daca- sus sones huapangueros.

Moncayo entendió y asimiló las ideas, la estructura y la belleza del huapango, llevándolas de su contexto original al universo sinfónico. Huapango es, en rigor, un arreglo brillante y afortunado de sones veracruzanos, que capta con un estilo luminoso el sentido festivo y alegre de la música de la región Huasteca. Es, además, la composición para orquesta sinfónica más internacional del repertorio mexicano.

La verdadera fuerza de la música clásica que nos llega de Latinoamérica radica en el inmenso e inagotable fondo sonoro indígena que, país a país, adquiere mil y un perfiles y se manifiesta en un espectacular colorido rítmico y melódico. Del espléndido equilibrio entre corrientes «cultas» y «populares» y fruto de la fusión entre los logros académicos del patrimonio musical europeo y ese fondo autóctono, surgió un lenguaje musical deslumbrante y pleno de energía. Disfrútenlo desde esta orilla.

Mercedes Albaina

Pacho Flores

Trompeta


Pacho Flores obtuvo el Primer Premio del Concurso Internacional «Maurice André», el más reconocido Concurso de trompeta del mundo, así como Primer Premio en el Concurso Internacional «Philip Jones» y Primer Premio en el concurso Internacional «Cittá di Porcia». Formado en el maravilloso Sistema de Orquestas para Jóvenes y Niños en Venezuela, recibió el máximo reconocimiento por sus presentaciones, recitales y grabaciones como solista.

Capaz de manejar indistintamente estilos clásicos o populares, Flores suma a sus cautivadoras interpretacionesmucha energía teñida de los más bellos colores instrumentales. Sus actuaciones en solitario incluyen apariciones con orquestas como la Filarmónica de Turku, la Filarmónica del Ártico, la Sinfónica de Norrköping, Norddeutschen Philharmonie Rostock, Salzburger Philharmoniker, Kiev Philharmonic, San Petersburgo Camerata, Ensemble Orchestral de Paris, Sinfónica NHK, Sinfónica de Tokio, Filarmónica de Osaka, Hyogo Orquesta PAC, Sinfónica Nacional de México, Orquesta sinfónica de Minería, Sinfónica Nacional de Puerto Rico, Orquesta Sinfónica de Galicia, Filarmónica de Málaga, Sinfónica de Baleares, Real Filharmonía de Galicia, Sinfónica de Bilbao, Sinfónica de Tenerife, Orquesta Simón Bolívar de Venezuela, Kymi Sinfonietta, Orquesta Het Gelders, Tucson Symphony, Royal Liverpool Philharmonic, Orquesta de RTVE, Stavanger Orchestra, Filarmónica de Gran Canaria, Orquesta del Teatro Colón de Buenos Aires, Oviedo Filarmonía, Filarmónica de Luisiana, Orquesta Filarmónica de Estrasburgo, Orquesta Nacional de Lille, Sinfónica de Navarra, San Diego Symphony, Orquesta Nacional de la Radio Polaca, Sinfónica do Estado de São Paulo, Orquesta de Cámara Sueca, Sinfónica de San Francisco o Filarmónica de Los Ángeles.

Ha trabajado con directores como Claudio Abbado, Sir Simon Rattle, Seiji Ozawa, Giuseppe Sinopoli, Rafael Frübeck de Burgos, Manuel Hernández-Silva, Lorin Maazel, Charles Dutoit, Christian Lindberg, Christian Vásquez, Rafael Payare, Domingo García Hindoyan, Carlos Miguel Prieto y Gustavo Dudamel, entre muchos otros.

También ha ofrecido recitales en salas de conciertos como el Carnegie Hall de Nueva York, Pleyel Hall de París, Fiestpielhaus de Salzburgo, Musikverein de Viena, Opera City de Tokio, Teatro Colón de Buenos Aires, Concertgebouw, Hollywood Bowl, Suntory Hall y The Rady Shell en Jacobs Park. Sirviendo como uno de los miembros fundadores del Quinteto de Metales Simón Bolívar, ha participado en numerosas giras por Europa, Sudamérica, Estados Unidos y Japón.

Experimentado músico orquestal, Flores ha ocupado el puesto de primer tompeta solista en la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, Orquesta Saito Kinen de Japón.

Director fundador de la Academia Latinoamericana de Trompeta en Venezuela, impulsa una generación prometedora de jóvenes talentos. Flores tiene un gran interés en promover la Música Contemporánea y lo hace brindando importantes aportes a través de la interpretación e interpretación de su instrumento.

Su repertorio incluye encargos y estrenos de obras de compositores como Efraín Oscher, Giancarlo Castro, Santiago Báez, Hilda Paredes, Christian Lindberg, Paquito D’Rivera, Arturo Márquez, Roberto Sierra, Gabriela Ortiz o Daniel Freiberg.

Entre sus próximos compromisos artísticos para este verano destacan su debut en los Proms en Londres con la Royal Liverpool Philharmonic y Domingo Hindoyán, el estreno del segundo concierto de Arturo Márquez en el Hollywood Bowl con los Angeles Philharmonic y Gustavo Dudamel o el debut en el Festival Grant Park de Chicago con Giancarlo Guerrero y la orquesta del festival.

Su primer disco «La Trompeta venezolana» fue lanzado por el sello discográfico Guataca Producciones.

Artista de la familia Stomvi, toca instrumentos fabricados exclusivamente para él por esta firma de renombre y participa activamente en el desarrollo e innovación de sus instrumentos. Pacho Flores es artista exclusivo de Deutsche Grammophon con ya tres grabaciones, Cantar con Konzerthaus Orquesta de Berlín y Christian Vásquez; Entropía, Medalla de Oro de los Global Music Awards; Fractales con la Filarmónica del Ártico y Christian Lindberg; y el doble CD-DVD Cantos y Revueltas con el Real Filharmonía de Galicia y Manuel Hernández-Silva; y Estirpe con la Orquesta Sinfónica de Minería y Carlos Miguel Prieto, recientemente nominado a tres Latin Grammy 2023, obteniendo uno de ellos por el Concierto Venezolano escrito por el gran Paquito D’Rivera.

Pacho ha sido galardonado con el Global Artist Leadership Award de la Orquesta de las Américas en reconocimiento a la excelencia de su carrera artística y sus contribuciones a la música latina.


Leo Rondón

cuatro venezolano


Cuatrista, guitarrista, contrabajista, compositor-arreglista y productor, obtuvo en la Siembra del Cuatro 2007 el tercer puesto, el segundo puesto en 2012 a nivel nacional, así como en 2011 el segundo puesto como cuatrista en los festivales de El Silbón (Venezuela) y San Martín (Colombia).

Actualmente es cuatrista, arreglista y productor del Ávila Quartet, cuarteto de música venezolana, al igual que cuatrista con el Ensemble L’Arpeggiata, dirigido por Christina Pluhar, Alexis Cárdenas y Recoveco, Venezuelan Roots y Joropo Jam, además de su proyecto como solista Leo Rondón Project.

Ha actuado en diferentes e importantes salas de conciertos y festivales en Venezuela, Colombia, Portugal, España, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Suiza, Suecia, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Kazajistán y Marruecos, con diferentes agrupaciones y en colaboraciones con artistas como Rolando Villazón, Emiliano González Toro, Richard Galliano, Didier Lockwood, Cristóbal Soto, Ricardo Sandoval, Alexis Cárdenas, Simón Bolívar Big Band de Jazz, Omar Acosta y Roberto Koch, entre otros. Como solista ha aparecido junto a Alexis Cárdenas y Recoveco en el espectáculo El Fuego Latino organizado por la Orchestre National d’Île-de-France y bajo la batuta de la maestra Alondra de la Parra, presentando siete conciertos en la región parisina, donde destaca la importante sala de conciertos Philharmonie de Paris. En junio de 2022 tuvo lugar su debut en el Festival de Pentecostés de Salzburgo.

En España se ha presentado con la Real Filharmonía de Galicia, Orquesta Filarmónica de Málaga, Sinfónica de Navarra, Sinfónica de la Región de Murcia, Orquesta de Extremadura, Orquesta de Valencia, Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Sinfónica de Castilla y León, Orquesta de Córdoba, Orquesta Ciudad de Granada, Sinfónica de Tenerife o Simfònica del Vallés, además de Royal Liverpool Philharmonic, Arctic Philharmonic de Noruega, Swedish Chamber Orchestra, Orchestre National du Pays de la Loire, Sinfónica Nacional de Colombia, Filarmónica del Norte de Macedonia, Festival PAAX de México, Duisburger Philharmoniker o Filarmónica Báltica de Polonia.

Ha participado en el disco Cantos y Revueltas, de Pacho Flores, para Deutsche Grammophon. Leo Rondón utiliza un cuatro fabricado por Mathias Caron.


Carlos Miguel Prieto

director


Conocido por su gran carisma y sus interpretaciones expresivas, el director de orquesta mexicano Carlos Miguel Prieto, ganador de un premio GRAMMY, se ha consolidado no solo como una figura destacada en el mundo orquestal, sino también como un influyente educador, impulsor del cambio cultural y defensor de la música contemporánea.

Entre sus actuaciones más destacadas se incluyen colaboraciones con la London Philharmonic Orchestra, NDR Elbphilharmonie, Frankfurt Radio Symphony, the Hallé, Royal Liverpool Philharmonic, Chicago Symphony Orchestra, Cleveland Orchestra, New Jersey Dallas Symphony Orchestra, Toronto Symphony, San Francisco Symphony, Los Angeles Philharmonic, Minnesota Orchestra, National Symphony Orchestra, New World Symphony, Houston Symphony, Orquesta Nacional de España, Bournemouth Symphony Orchestra, BBC National Orchestra of Wales, Strasbourg Philharmonic, Auckland Philharmonia, y un exitoso debut en los BBC Proms en el Royal Albert Hall.

Prieto fue nombrado director musical de la North Carolina Symphony en 2023 y es director musical de la Orquesta Sinfónica de Minería desde 2008, con la que obtuvo una nominación a los GRAMMY Latinos en la categoría de Mejor Álbum de Música Clásica. De 2007 a 2022, Prieto fue director musical de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, la formación más destacada del país, y elevó significativamente el nivel de la orquesta. También fue director musical de la Louisiana Philharmonic Orchestra de 2006 a 2023, donde contribuyó a liderar la renovación cultural de Nueva Orleans tras el huracán Katrina.

Gran defensor de la educación musical, Prieto ha dirigido la Orquesta Juvenil de las Américas desde su creación. Junto a Gustavo Dudamel, Prieto ocupó el cargo de director principal de la orquesta desde 2001 hasta 2011, año en que fue nombrado director musical. En 2018 dirigió a la orquesta en una gira por festivales de verano europeos, que incluyó actuaciones en los festivales de Rheingau y Edimburgo, así como en la Elbphilharmonie de Hamburgo. También ha colaborado habitualmente con la National Youth Orchestra of Great Britain y la NYO2 de Nueva York.

Prieto es conocido por promover la nueva y menos conocida música latinoamericana y afroamericana. Ha dirigido más de 100 estrenos mundiales de obras de compositores mexicanos y estadounidenses, muchas de las cuales él mismo encargó. Prieto ha grabado con los sellos Deutsche Gramophone, Naxos y Sony, y fue reconocido por Musical America como 2019 Conductor of the Year. Graduado por las universidades de Princeton y Harvard, Prieto estudió dirección de orquesta con Jorge Mester, Enrique Diemecke, Charles Bruck y Michael Jinbo.

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