Concerts

BOS SEASON 7-2014-2015

Concierto de Navidad – Abono de Iniciación


Euskalduna Palace.   19:30 h.

W.A. Mozart: Exultate Iubilate
F. Mendelssohn: Sinfonía nº 2 “Lobgesang”

Marta Matheu, soprano
Maite Arruabarrena, mezzosoprano
Maximilian Schmitt , tenor
Sociedad Coral de Bilbao (Julio Gergely, director)
Víctor Pablo Pérez, director

DATES

  • 18 December 2014       Euskalduna Palace      19:30 h.
  • 19 December 2014       Euskalduna Palace      19:30 h.

Venta de abonos, a partír del 24 de junio.
Venta de entradas, a partir del 16 de septiembre.

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24 de junio Nochebuena, y mañana Navidad

El joven nacido sabio Felix Mendelssohn (1809-1847) va a tener un día bastante ocupado, y bastante ruidoso. Hoy es 24 de junio de 1840 y Felix, en cuanto que concejal de música de Leipzig (no hay mejor traducción del espiritu de su puesto) ha sido el encargado de coordinar los fastos musicales del cuarto centenario de la invención de la imprenta por Gutenberg. Coordinar significa componer, ensayar y estrenar dos obras. Ambas pasarán a la posteridad por caminos algo diversos: La Sinfonía Lobgesang y la Cantata Festgesang.

Comencemos por la que no oiremos esta noche; al menos no entre estos muros. La Festgesang (MWV D 4) es una pieza festiva para ser interpretada al aire libre en la Plaza del Mercado. Un coro de hombres y una banda de instrumentos de viento dividida en dos gradas se encargan de dar comienzo a la jornada con esta obrita de circunstancias llamada a ser arrinconada al día siguiente. Pero no fue así. 15 años más tarde un arreglista británico – William Cummings- reaprovechó la pegadiza melodía del segundo movimiento de la cantata para convertirlo en uno de los villancicos más populares de la historia: Hark! The Herald Angels Sing. Búsquenlo en youtube al volver a sus casas y lo comprobarán. El paso de la noche de San Juan de 1840 a la Nochebuena de 1855 fue una transformación casi natural para una bonita canción. Mendelssohn las componía a docenas sin despeinarse.
 
Sus contemporáneos no sabían muy bien cómo tantos talentos se podían aunar en una sola persona y a una edad tan temprana: pianista, pintor, compositor, director de orquesta, fundador de conservatorios, viajero incansable, políglota, exhumador de músicas olvidadas. Sus días tenían 24 meses. En el mundo germánico ya venían curados de espantos –baste recitar la cadena Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert- pero se les acabaron los epítetos con Felix. Y, por si fuera poco, provenía de una estirpe de banqueros judíos convertidos al cristianismo; lo que facilitó inmensamente todos los aspectos organizativos y financieros aunque casi diera al traste con su dedicación a la música. Una actividad ésta muy honorable, pero para que se dediquen los demás. Mendelssohn consiguió que le dejaran ser compositor de ecuménico milagro. Sus profesores no daban crédito y presionaron lo suyo.

Ignaz Moscheles (1794-1870) fue uno de los pianistas más renombrados de su tiempo. Colaboró –y continuó siendo amigo- con Beethoven (lo que ya debería ser un motivo para pasar a la posteridad), era respetado por un par de casas reinantes europeas y se consideraba humildemente como una figura de referencia. Al menos hasta el día en que conoció a Felix, por aquel entonces un crío de quince años. Hasta tal punto fue atraído por la figura de este personaje que sus célebres memorias casi están más centradas en la persona de Mendelssohn que en sí mismo.

Ese mismo verano de 1840 Mendelssohn se embarcó en uno de sus frecuentes viajes a Inglaterra para estrenar por allá su nueva sinfonía. De hecho fue Moscheles, residente en Gran Bretaña, quien arregló los detalles del viaje y lo alojó en su casa junto a su mujer y sus hijos. El 23 de septiembre escribía:

“La aparición de Mendelssohn aquí me está dando una renovada alegría de la vida. Tras mi propia familia él se coloca el siguiente en mi afecto. Yo lo veo bajo varios caracteres, como un hermano, como un hijo, como un amante; aunque principalmente lo veo como un feroz entusiasta de la música que a duras penas es consciente de la altura que ya ha alcanzado. Sabe adaptarse perfectamente a este mundo lleno de gente común mientras su genio vuela tan alto sobre el resto…”

Y así continua durante unos párrafos más. En realidad durante unos cientos de páginas más.

Hasta los artilleros más acérrimos hallaban la manera de salvar a Felix de la quema. En 1862 el feroz crítico musical francés Paul Scudo se encontraba repartiendo leña a la Reine de Saba de su compatriota Gounod –y de paso a todo lo que se pusiera por delante- en los siguientes térmimos:

“El libreto de La Reine de Saba es sin duda de una deplorable indigencia, pero la insuficiencia de un poema no debería servir para excusar a un compositor . . . El señor Gounod tiene la desdicha de admirar ciertas partes perturbadas en los últimos cuartetos de Beethoven. Es la problemática fuente de la que han surgido los malos músicos de la Alemania moderna, los Liszt, los Wagner, los Schumann, sin omitir a Mendelssohn por lo que respecta a ciertos rasgos equívocos en su estilo”.

Un hachazo, éste último, tan circunspecto que parece casi una carantoña.

Paradójicamente fueron sus propios compañeros germánicos quienes antes comenzaron a pensar que algo pasaba con Mendelssohn. Pensaban; porque no había narices para decirlo en voz alta. Tímidamente aquí y allá alguien farfullaba lo que era cada vez más un sentir general: Mendelssohn había sido tan precoz y tan disciplinado en sus estudios que no sólo se había saltado la niñez. También se había saltado la adolescencia, la juventud y, en suma, toda etapa o atisbo de rebelión que le hubiese permitido volar con sus propias alas. ¡Mendelssohn les había salido demasiado formalito! Decir algo así en el victoriano siglo XIX era poco menos que pedir al Kaiser que se pusiera en pelotas para pasar revista a la tropa. Nadie sacó el tema hasta que el patán de Wagner –que se la tenía guardada desde hacía años- aprovechó su muerte para ponerlo a parir en un panfleto, sacando de paso a colación sus antecedentes judíos. De una manera o de otra la figura de Mendelssohn se arrinconó como el primero de los mortales en la historia de la música alemana. Baste decir que todavía hoy no contamos con una edición crítica de su obra completa. Con Bach y con Mozart ya van por la segunda.

Pero una parte sustancial del público permaneció fiel a la belleza de sus obras. Los directores adoraban tocar esta música, las orquestas también, y las audiencias también adoraban escucharla. Sus últimas cinco sinfonías se libraron del olvido. Y entre ellas esta Sinfonía Lobgesang que Felix va a dirigir al caer la tarde de este 24 de junio en Leipzig. Ahora ya en el interior de la Iglesia de Santo Tomás.

500 ejecutantes se agolparon para ayudarle en el empeño. Y agolpados estaban; porque el templo está concebido con un aforo de 1200 almas. Las dimensiones temporales también están a la altura de las circunstancias: más de una hora de música en una sinfonía que llevaba cantantes solistas y coro. El reciente siglo XX inevitablemente ha querido ver en ello una referencia a la Novena de Beethoven, pero seguro que los asistentes tuvieron mucho más presentes las grandes obras vocales de Bach –un ilustre conciudadano rescatado en parte por Felix- y los oratorios de Handel y Haydn. Realmente nadie supo por qué la llamó sinfonía y no oratorio. En cualquier caso la doble naturaleza amplia y transparente jugó a la contra de esta obra. No tan camerística como una sinfonía de Spohr, no tan ampulosa como una de Mahler. Los directores han optado en ocasiones por interpretar únicamente los primeros números, puramente orquestales. Unos movimientos que el gran público conoce de memoria.

La sinfonía de Mendelssohn estará precedida por otra obra también amarrada en el repertorio actual: el motete para soprano solista Exsultate Jubilate de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Ya desde la más tierna infancia de Mendelssohn se le vino comparando, en cuanto a precocidad, con los prodigios de un Mozart; quien –si no hubiese fallecido tan pronto- podría haber llegado a darle unas cuantas clases. Ciertamente las similitudes son notables. Con la salvedad ya apuntada de que Wolfgang si que, felizmente para nosotros, se regaló una larga y rebelde juventud. Y que su familia no tenía un duro; lo que complicó mucho los aspectos de intendencia.

Precisamente este motete nace al hilo de la itinerante búsqueda de trabajo de un Mozart quinceañero. El joven se encontraba en Milán dirigiendo las representaciones de la ópera que le había encargado la ciudad, Lucio Silla, cuando el 17 de enero de 1773, en el templo teatino de San Antonio Abad, se escuchó cantarlo al castrato Venanzio Rauzzini; quien hacía doblete a lo divino y a lo humano, pues era asimismo uno de los protagonistas de la ópera. El texto era vagamente navideño y, lo que son las cosas, tras la fugaz vuelta de Wolfgang al redil saltzburgués al no haber conseguido un empleo digno de su atención por las capitales europeas, alguien –quizá el propio Mozart- aplicó otro texto diferente a la música para adaptarlo al Domingo de Trinidad, el domingo siguiente a Pentecostés. Una fecha flotante del calendario litúrgico que suele caer un poquillo antes de San Juan. En cualquier caso las virtuosísticas melodías, casi instrumentales en su dificultad, se han consolidado hoy en día como el primer ejemplo del genio vocal de Wolfgang.

Por desgracia ambos fallecieron demasiado pronto. Por fortuna ambos comenzaron muy pronto a asombrarnos.

Joseba Berrocal

 

 

MARTA MATHEU –  Soprano

Nace en Tarragona. Consigue el Grado Superior de Canto en el Conservatorio Superior de Música de Valencia con la catedrática Ana Luisa Chova, obteniendo Matrícula de Honor.

Ha recibido consejos entre otros, de Montserrat Caballé, Helena Obratzova, Nelly Miriccioiu, Roger Vignoles y Wolfram Rieger.

Premiada en numerosos certámenes nacionales e internaciones de canto, ha sido galardonada con el primer premio de la X edición del Certamen Manuel Ausensi , el premio del público en el VII Concurso Internacional Montserrat Caballé y el Segundo premio, el Premio Mozart y premio al mejor cantante español del XLV Concurso Internacional Francesc Viñas.

Ha cantado en importantes salas de concierto de España y del extranjero con diversas orquestas bajo la dirección, entre otros de,  J. Casas, A. Leaper, V. Pablo Pérez. A. Ros-Marbà, E. Oue, P. Sákari, J. Pons, G. Neuhold, C. Rizzi, F. Biondi, E. Onofri.

Tiene diferentes grabaciones en mercado para los sellos de Opus Arte, Naxos, Bottega Discantica, Klassicat y Brilliant.

MAITE ARRUABARRENA – Mezzosoprano

Tras formarse en el Conservatorio Superior de San Sebastián, en la Coral Andra Mari de Rentería, y en la escuela de canto del Orfeón Donostiarra, se traslada a Italia donde se perfecciona con Claude Thiolas.

Tras obtener el 1º premio en el Concurso Internacional de canto Toti dal Monte (Treviso – Italia), inicia una intensa actividad actuando en las principales salas de conciertos de España: Teatro Real y Zarzuela de Madrid, Liceu de Barcelona, Maestranza de Sevilla, Pérez Galdós de Las Palmas, Campoamor de Oviedo, Euskalduna y Arriaga de Bilbao, Victoria Eugenia y Kursaal de Donostia etc. así como en el Bellas Artes de Ciudad de México, Teatre de la Comedie de Montpellier, Comunale di Treviso y Rovigo, Vittorio Emanuele de Messina, auditorios de Strasbourg, Lucerna, Lugano, Padova, Koncertgebow de Ámsterdam, Konzerthaus de Viena, Lincoln Center de New York, Gulbenkian y Centro cultural de Belem en Lisboa etc.

Ha sido integrante de la Capella Reial de Catalunia y ha colaborado con numerosos grupos especializados en la interpretación del repertorio barroco y renacentista.
Ha cantado bajo la batuta de prestigiosos directores como Peter Maag, Sir Neville Marriner, Alberto Zedda, Christopher Hogwood, Claudio Scimone, Ivan Fischer, Theodor Gulschbauer, Giuliano Carella, Victor Pablo Pérez , Miguel Angel Gómez Martínez, Philippe Herrevegue, Franz Brüggen,  Jordi Savall etc.
Ha realizado grabaciones para Astré Auvidis, Accentus, Alia vox, Naxos, Tritó, Elkar y Claves.

Desde el año 2001 es profesora de canto de Musikene

MAXIMILIAN SCHMITT –  Tenor

Maximilian Schmitt estudió canto con Roland Hermann y el Prof. Anke Eggers en la Universidad de Arte de Berlín. En 2005 y 2006 fue miembro del Ensemble joven de la Ópera Estatal de Baviera en Munich.

Con un repertorio amplísimo es invitado regularmente por directores como Franz Welser-Most, Daniel Harding, Fabio Luisi, Trevor Pinnock, René Jacobs, Robin Ticciati y orquestas como la Akademie für Alte Musik Berlin, Tonhalle-Orchestra Zurich, Bavarian Radio Symphony Orchestra, Sinfónica de Viena, Orquesta de Cleveland, la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, Orchestre de Paris y Ensemble Orchestral de Paris.

En la temporada de 2014/2015 actuará  con la New Japan Philharmonic Orchestra, con la Orquesta Sinfónica de la MDR, en el Festival de Salzburgo, con la Camerata Salzburg. Maximilian Schmitt está  estrechamente relacionado con la Orquesta Sinfónica WDR con quien grabará a principios de 2015 un CD Arias  Románticas  para el sello OEHMSclassics.

Entre sus grabaciones destacamos la Creación de Haydn (Baroque Orchestra Freiburg / René Jacobs / Harmonia mundi France), Pasión según de San Mateo (Gewandhausorchester / Riccardo Chailly – DECCA), Dvorak (Real Orquesta flamenca / Philippe Herreweghe)y el DVD Bach  Oratorio de Navidad (Akademie für Alte Musik Berlin / Peter Dijkstra).
 

VICTOR PABLO PEREZ – Director

Víctor Pablo Pérez es Director Artístico y  Titular de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, y Director Honorario de las Orquestas Sinfónica de Galicia y Sinfónica de Tenerife.

Nacido en Burgos, estudió en el Real Conservatorio de Música de Madrid y en la Hochschule für Musik de Múnich.

De  1980 hasta 1988  fue   Director Artístico y Titular de la Orquesta Sinfónica de Asturias, en 1987  fue nombrado Principal Director Invitado de la Orquesta Nacional de España, de 1986 hasta 2005 fue de Director Artístico y  Titular de la Orquesta Sinfónica de Tenerife y de 1993 hasta 2013 Director Artístico y Titular de la Orquesta Sinfónica de Galicia.
Colabora habitualmente con el Teatro Real de Madrid, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, Festival Mozart de la Coruña, Festivales Internacionales de Música de Canarias,  Perelada, Granada, Santander, Schleswig Holstein, Rossini Opera Festival, Festival de San Lorenzo del Escorial y Quincena Musical de San Sebastián.

Víctor Pablo Pérez es llamado como director invitado por diferentes formaciones como:  HR-Sinfonieorchester de Frankfurt,  Berliner Symphoniker,  Münchner Symphoniker, Dresdner Sinfoniker, Philharmonia Orchestra, Orquestra del Maggio Musicale Fiorentino, Orchestra dell´Accademia Nazionale de Santa Cecilia di Roma, Orquestra Sinfonica RAI de Roma, Orchestra Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi, Orchestre National de Lyon, Orchestre National du Capitole de Toulouse entre otras.

Colabora con grandes solistas como K. Zimerman, G. Sokolov, A. Volodos, F.P. Zimermann, L. Kavakos, A.S. Mutter, Gil Saham, G. Kremer, Renée Fleming, Ewa Podles, N. Dessay, Natalie Stutzmann, Placido Domingo, Rolando Villazón, María José  Moreno y Ann Murray.

Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ( Madrid ) y de Nuestra Señora del Rosario ( La Coruña ), en  1995 le otorgaron el Premio Nacional de Música.

 

A SONG OF PRAISE AT CHRISTMAS

Beethoven’s and Bach’s spirits seem to inspire this masterpiece by Mendelssohn. Following the path opened up by Beethoven, Mendelssohn included the voice in his second symphony, which is known as a Lobgesang (Hymn of praise). In the best tradition of Bach, the piece is close to the oratorios that Mendelssohn was also a accomplished specialist in. Even the place it was premiered, the Saint Thomas Church in Leipzig (where Bach had first performed his St Matthew Passion more than 100 years previously), seems to give a nod to history.
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