Conciertos

Mozart y los clásicos del siglo XX


Palacio Euskalduna.   19:30 h.

Erik Nielsen, director
Johannes Moser, violonchelo
KEA Ahots Taldea (Enrique Azurza, director)


I

ISABEL URRUTIA (1967)

Urkiola*

HENRI DUTILLEUX (1916 – 2013)

Tout un monde lointain… para violoncello y orquesta

I. Ènigme – II. Regard – III. Houles – IV. Miroirs – V. Hymne

Johannes Moser, violonchelo

II

GYORGY LIGETI (1923 – 2006)

Lux aeterna**

KEA Ahots Taldea

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756 – 1791)

Sinfonía nº 39 en Mi bemol Mayor K. 543

I. Adagio – Allegro
II. Andante con moto
III. Menuetto: Allegretto
IV. Finale: Allegro

FECHAS

  • 14 de diciembre de 2023       Palacio Euskalduna      19:30 h. Comprar Entradas
  • 15 de diciembre de 2023       Palacio Euskalduna      19:30 h. Comprar Entradas

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CONCEPTOS Y CONCEPTUALISMOS

Si ustedes han llegado hasta aquí, reciban mi más sincera y cordial enhorabuena. Porque, aunque es muy sencillo acceder a estas notas con el código QR expuesto en la cartelería, no todo el mundo sabe hacerlo. Unos, por absoluta falta de dominio de las nuevas tecnologías; otros, por miedo a hacerlo mal; unos cuantos más, por pereza; y algunos, por no pedir ayuda –que son los mismos capaces de dar tres vueltas completas a una rotonda antes que bajar la ventanilla del coche y preguntar–. También los hay quienes, sacando partido a lo que ya saben hacer con su móvil, sacan una foto al programa para poder consultarlo durante el concierto. Ingeniosa alternativa, pero se pierden los contenidos, como estas notas al programa, que ofrece la BOS en cada abono. Frases como «yo de eso no entiendo», «esas cosas son para los jóvenes», o incluso un «quita, quita, a mí déjame de líos» se repiten concierto tras concierto frente a los carteles de las entradas. Y es que adaptarse a los cambios y las cosas nuevas no siempre es fácil.

Como tampoco lo son todas las músicas, no vamos a ser hipócritas. Todo lo que tenga pinta de pertenecer a la –mal llamada– música contemporánea genera un rechazo instantáneo. Obviamente, no se puede generalizar, pero lo que aparezca en un programa de mano como posterior a los años veinte o treinta del siglo pasado genera –como poco– cierta intranquilidad en los oyentes. La mayoría de las obras programadas de los siglos XX y XXI no se merecen esta mala fama, pero es cierto que su escucha requiere de, al menos, una mente abierta y un espíritu positivo. Aquí también se oye la frase de «yo de eso no entiendo»; pero es que, a veces, mientras tratamos de entender, se nos olvida sentir. Tampoco siempre se entiende en toda su complejidad una fuga barroca, pero nos dejamos arrastrar por su belleza y su perfección formal. Con la música más actual hay que hacer lo mismo y dejarse llevar, explorando nuevos caminos sonoros.

Y si una pequeña pieza de música contemporánea infiltrada en un repertorio de corte más clásico les suele parecer suficiente dosis, para esta velada ármense, cual Indiana Jones, de sombrero, machete y látigo para explorar esos nuevos caminos y adentrarse en busca de conceptos que nos ayuden a desbrozar un programa muy poco habitual.

De hecho, fíjense si es inusual, que la primera obra no se ha tocado jamás, es un estreno absoluto. Compuesta por la getxotarra Isabel Urrutia por encargo de la Fundación SGAE y la AEOS, Urkiola es una obra escrita para orquesta sinfónica y orquesta de instrumentos del folklore digitalizados –seguro que después de leer esto más de uno ya estará resoplando…–, que sigue el método de composición World Timbres Mixture (WTM) –mezcla de timbres del mundo, en castellano–, desarrollado junto al compositor J.L Campana, cuya idea principal es mezclar los instrumentos clásicos con timbres de instrumentos de distintas tradiciones del mundo.

Un inciso: éste es el momento crítico en el que, si no se tiene claro el concepto de timbre, el resto de la explicación sobra. El timbre es una cualidad física del sonido que –para que lo entendamos todos sin necesidad de hablar de ondas sinusoidales o del teorema de Fourier– es lo que nos permite distinguir si está sonando una flauta o una trompeta, aunque estén tocando exactamente la misma nota.

Bien, como les decía, se trata de una idea estética que utiliza timbres de instrumentos de todo el mundo –aulos, azteca, pungi, didgeridoo, gaita, duduk, quena, cornamusa, shakuhachi, n’goni, vina…– y los mezcla con los timbres habituales de una orquesta clásica. Obviamente, es inviable juntar a tantos músicos de diferentes lugares del mundo, algunos de los cuales, probablemente, al ser de tradición popular, ni siquiera serían capaces de seguir una partitura orquestal, así que esos timbres, esos instrumentos, han sido extraídos de grabaciones en internet, librerías de sonidos e incluso algún disco, para después limpiarlos digitalmente y recrearlos de tal modo que, al escucharlos, parezca que se están oyendo en vivo y se integren completamente con el sonido de la orquesta en directo, amalgamando todos esos nuevos timbres y creando una nueva paleta de sonido que permite aportar colores distintos al sonido orquestal.

Gracias a esta mezcla de timbres, se descubre un mundo «inusual, inesperado e ilimitado» de nuevos sonidos que refleja el deseo de inventar un nuevo universo sonoro desconocido, nuevo, donde los sonidos digitalizados juegan un papel de igualdad con los instrumentos acústicos live.

La segunda obra del concierto Tout un monde lointain (Todo un mundo lejano) de Henry Dutilleux, es una obra también contemporánea, que se debate entre un modernismo clásico, la técnica dodecafónica y cierto conceptualismo, aunque Dutilleux siempre supo encontrar un lenguaje y un estilo propios, al margen de todas las vanguardias y corrientes que proliferaban en la segunda mitad del siglo XX.

Escrita en 1970 para su gran amigo el violonchelista ruso y director de orquesta Mstislav Rostropovich, es una de las páginas virtuosísticas de referencia en el repertorio del violonchelo, aunque no sea un concierto al uso. La obra está concebida como una reflexión sobre el poeta Charles Baudelaire. Cortas citas de Fleurs du mal encabezan cada uno de los cinco movimientos que componen la obra, pero no para proporcionar una narrativa programática, sino para sugerir un mundo sonoro –otro concepto a tener en cuenta– enigmático, irreal y casi hipnótico.

El primer movimiento, titulado Énigme (enigma), responde a la frase de Baudelaire «…y en esta extraña y simbólica naturaleza…» del poema XXVII. La música comienza con un extenso y silencioso tema de violonchelo de 12 notas –que será reutilizado a lo largo de la obra–. Este recitativo va evolucionando desde un carácter tranquilo y sostenida hasta la intensidad de la sección principal, con ráfagas rítmicas y exuberantes.

El segundo movimiento, titulado Regard (mirada) se basa en un lento lamento del violonchelo al que se une gradualmente la orquesta. Escrito dentro de un contexto principalmente atonal, tiene, sin embargo, cierto aire modal. Del poema Le Poison, «…el veneno que brota de tus ojos, de tus ojos verdes, lagos donde mi alma tiembla y se ve al revés…», el autor toma literalmente esta visión, haciendo que las cuerdas de la orquesta imiten en espejo la melodía del violonchelo.

El tercer movimiento, Houles (se hincha) toma un paisaje marino como punto de partida. La línea de Baudelaire, «…tú contienes, mar de ébano, un deslumbrante sueño de velas, de remeros, de llamas y mástiles…», del poema La Chevelure, inspira un continuo movimiento de vaivén.

Miroirs (espejos), el cuarto movimiento, retoma el aire lento y meditativo, así como el aire modal. De nuevo la música está dominada por una melodía de violonchelo en el registro agudo arropado por varias capas de sonido que crean un contrapunto deliciosamente sutil. «…Nuestros dos corazones serán dos grandes antorchas que reflejarán sus luces dobles en nuestras dos mentes, estos espejos gemelos…» del poema La mort des amants, lleva a las frases simétricas entre cuerdas y violonchelo que desembocan en el tema inicial de doce notas.

El quinto y último movimiento, Hymne (himno), abre con una ruidosa explosión a la que sigue el canto agitado del violonchelo rodeado de distintas texturas orquestales. «…Mantén tus sueños; los sabios no los tienen tan bellos como los tontos…», del poema La Voix, parece reafirmar el aire onírico de toda la obra antes de despertar súbitamente con un final repentino.

La siguiente obra de la velada es sin duda sorprendente. No por su autor, György Ligeti, de quien estamos celebrando el centenario de su nacimiento y ya hemos tenido la suerte de poder escucharlo en esta temporada, sino porque es una obra sin orquesta. Sí, sin orquesta. Se hace difícil explicar o justificar qué hace una obra solamente coral en la temporada de abono de una orquesta –afortunadamente, no me toca a mí hacerlo–, pero hay que reconocer que Lux aeterna es una obra singular que merece ser escuchada.

Para explicar esta pieza, además del concepto de mundo sonoro que mencionábamos en la obra anterior, también es necesario refrescar el concepto de textura, que es la forma en que los materiales melódicos, rítmicos y armónicos se combinan y relacionan, dando lugar a sensaciones acústicas que se pueden describir en términos de densidad o espesor.

Escrita en 1966 para coro mixto a 16 voces –cuatro líneas para soprano, cuatro para alto, cuatro para tenor y cuatro para bajo– tratadas independientemente en una técnica microcanónica que Ligeti llamó micropolifonía, las voces se van añadiendo una a una con la misma secuencia melódica y separadas por intervalos muy pequeños de tiempo, nutriendo una urdimbre que se hace cada vez más densa y confusa, desapareciendo en favor de una consistencia total. El tiempo se disuelve en esa inconsistencia y, aunque no está exento de movimiento, se convierte en una especie de continuo inalterable, sensación amplificada por la ausencia de acentos o articulaciones que indiquen un ritmo o pulso perceptible y que sumergen al oyente en un mundo sonoro nebuloso y desdibujado. Sin embargo, para articular la forma Ligeti se apoyó en el texto creando tres secciones diferentes que se dividen por una transición sobre la palabra “Domine”, con cambios claros en la textura. En esta atmósfera densa y casi tangible, todas las partes de desvanecen gradualmente, terminando con siete compases de completo silencio –no se lancen a aplaudir antes de tiempo, no digan que no les he advertido–. Intensa y misteriosa, esta obra quedará para siempre asociada al monolito de Stanley Kubrik en 2001: una odisea del espacio como un motete silenciosamente hermoso.

La última obra de este concierto es la sinfonía nº 39 de Mozart –una de las tres últimas–, una obra que, de tan clásica, casi resulta rompedora en este programa. Un concepto estético tan melódico, tan armónico, tan formalmente estructurado, que, para algunos, será un remanso de belleza y serenidad después de tanto ejercicio intelectual, mientras que para otros será tan llamativo y fuera de lugar como el monolito de Kubrik. La perspectiva del oyente es única y subjetiva, basada en su comprensión de la música. Sólo hace falta tener claros los conceptos.

Nora Franco


Johannes Moser.

Violonchelo

El chelista germano-canadiense Johannes Moser ha tocado con las orquestas más importantes del mundo como las Filarmónicas de Berlín, Nueva York, Los Ángeles, de la BBC en los Proms, Sinfónicas de Chicago, Londres, de la Radio Bávara, Concertgebouw, Tonhalle Orchestra de Zurich, Tokyo NHK Symphony, Orquestas de Philadelphia y Cleveland, etc., y con directores como Riccardo Muti, Lorin Maazel, Mariss Jansons, Valery Gergiev, Zubin Mehta, Vladimir Jurowski, Franz Welser-Möst, Christian Thielemann, Pierre Boulez, Paavo Jarvi, Semyon Bychkov, Yannick Nézet-Séguin o Gustavo Dudamel.

Sus grabaciones incluyen los conciertos de Dvořák, Lalo, Elgar, Lutosławski, Dutilleux, Tchaikovsky, Thomas Olesen y Fabrice Bollon (Electric Cello), que han ganado el prestigioso Preis der Deutschen Schallplattenkritik y el Diapason d’Or. EJohannes Moser lanzó un nuevo e innovador álbum para el sello Platoon con seis nuevos encargos para violonchelo eléctrico, junto con arreglos de obras para ensemble de violonchelos que utilizan la nueva y revolucionaria tecnología DOLBY ATMOS. Alone Together es uno de los primeros álbumes de música clásica que utiliza el multi-tracking de forma tan amplia.

Próximos compromisos incluyen el estreno mundial del Concierto para violonchelo de Detlev Glanert con la orquesta Filarmónica de Luxemburgo en Luxemburgo y Colonia, y su estreno en Norteamérica con la Sinfónica de Toronto. Johannes también interpretará el Concierto para violonchelo de Bernd Richard Deutsch con la Orquesta Sinfónica de la radio de Fráncfort, así como visitará la Sinfónica de Atlanta, la Sinfónica de Phoenix, Filarmónica Janacek, Filarmónica Robert Schumann, Württembergisches Kammerorchester, NFM Filharmonia Wrocławska, Orquesta Sinfónica de Tenerife y Orquesta Sinfónica de Bilbao, entre otras. En recital, Johannes colaborará con Marc-André Hamelin en una gira por Estados Unidos, con Xuefei Yang (guitarra) en su debut en el Kings Place de Londres, así como con Andrei Korobeinikov en el Bayerischer Rundfunk (Múnich) y el Palacio Euskalduna de Bilbao.

Dedicado músico de cámara, Johannes ha actuado con Emanuel Axe, Joshua Bell, Jonathan Biss, James Ehnes, Vadim Gluzman, Leonidas Kavakos, Midori, Menahem Pressler o Yevgeny Sudbin, y es un invitado habitual en festivales como Verbier, Schleswig-Holstein, Gstaad y Kissinger, Mehta Chamber Music Festival y los festivales de música de Colorado, Seattle y Brevard.

Reconocido por sus esfuerzos para expandir el alcance del género clásico, así como por su apasionada dedicación a la nueva música, recientemente Moser se ha involucrado a fondo en encargos de nuevas obras a compositores como Julia Wolfe, Ellen Reid, Thomas Agerfeld Olesen, Johannes Kalitzke, Jelena Firsowa y Andrew Norman. En 2011 estrenó Magnetar para violonchelo eléctrico de Enrico Chapela con la Filarmónica de Los Ángeles dirigida por Gustavo Dudamel, y en la siguiente temporada continuó esta relación con la orquesta interpretando el concierto para violonchelo Up-close de Michel van der Aa. A lo largo de su carrera, Moser ha tratado de llegar a todos los públicos, desde el jardín de infancia a la universidad, combinando en la mayoría de sus compromisos los conciertos con clases magistrales, visitas a escuelas y charlas antes de los conciertos.

Nacido en 1979 en una familia de músicos, Johannes comenzó a estudiar el violonchelo a la edad de ocho años y se convirtió en alumno del profesor David Geringas en 1997. Fue el ganador del primer premio en el Concurso Tchaikovsky 2002, además de recibir el Premio Especial por su interpretación de las Variaciones rococó. En 2014 fue galardonado con el prestigioso premio Brahms.

Johannes Moser toca un cello Andrea Guarneri de 1694 cedido por un coleccionista privado.


KEA Ahots Taldea.

Compuesto por 16 cantantes profesionales, es el único grupo vocal en su género en el País Vasco, y una de las agrupaciones especializadas en música contemporánea más relevantes del panorama coral estatal.

KEA Ahots Taldea fue creado en 1997 con el fin de configurar un instrumento ideal para la interpretación de la música coral menos frecuentada de los siglos XX y XXI, con una especial sensibilidad hacia los autores vascos.

Ha presentado recientemente su nuevo CD “KE ORBELAK” con obras de Azurza y Sarasola, junto a Josu Okiñena y Asier Polo, editado en el sello Orpheus Classical. En 2022 interpretó INMORTAL BACH, junto a Iñaki Salvador, una original fusión de piano jazz con la obra vocal de Bach, en torno a su motete Jesu, meine Freude.

KEA ha desarrollado una intensa actividad de conciertos y ha encargado y estrenado un buen número de obras, muchas de ellas escritas para la propia agrupación. Así, entre los autores interpretados a lo largo de estos años cabe citar: Jonathan Dove, Agustí Charles, Luis de Pablo, Gabriel Erkoreka, Juan José Eslava, Zuriñe Gerenabarrena, Félix Ibarrondo, Jesús Mª Sagarna, Joseba Torre, Enrique Vázquez, Mª Eugenia Luc, Javier Busto, Eva Ugalde, Javier Bello-Portu, Joan Magrané, Marcos Castán, David Azurza, Xabier Sarasola, entre otros. En 2020 ofreció Zurezko Olerkia, de Luis de Pablo, con motivo del 90º aniversario del compositor, en el Ciclo de Música Contemporánea de la FBBVA en Bilbao.

En 2015 actuó en el Auditorio del Reina Sofía de Madrid, con el estreno de Requiem de l’oubli, de Agustí Charles, obra dedicada al grupo vocal KEA. También participó en la Semana de Música Religiosa de Cuenca, en el ciclo BBVA de música contemporánea de Bilbao, y en la sala de cámara del Palau de la Música Catalana. Ha actuado en repetidas ocasiones en el Ciclo de Música Contemporánea que el Auditorio Nacional organiza en la sala A-400 del Museo Reina Sofía. KEA ha sido acompañado de solistas de la talla de Iñaki Alberdi, Josu Okiñena, Fahmi Alqai, Leonardo García Alarcón, Naoko Kikuchi, entre otros. KEA fue seleccionado para el 9º Simposio Mundial de Música Coral, organizado por la IFCM en Puerto Madryn, Argentina en agosto de 2011. Ha actuado en numerosos festivales y ciclos de música contemporánea de nuestro país, así como en Francia, Bélgica, Italia, Argentina y Uruguay.

Ha presentado diversos CDs con obras de Bacri, Daniel-Lesur, Jennefelt, Castán, S.D. Sandström. Ha grabado en dos CDs la obra completa del compositor vasco Javier Bello-Portu.


Erik Nielsen.

Director

Erik Nielsen es un director que domina por igual tanto el repertorio sinfónico como operístico.

Empezó muy joven sus estudios de piano para después graduarse en la Julliard School de Nueva York en oboe y arpa, continuando en el Curtis Institute of Music sus estudios de dirección orquestal.

Se mudó a Alemania en el 2001 como arpista de la “Berlin Philharmonic Orchestra Academy”..

En el 2002 inició una relación de 10 años con la Opera de Frankfurt, como maestro repetidor y después fue nombrado kappelmeister, unos años que le permitieron enriquecerse de un largo repertorio desde Monteverdi a Lachenmann.

En septiembre de 2009 la Fundación Solti de Estados Unidos le concedió la beca Solti y en marzo de 2010 debuta en la ópera estadounidense con Ariadne auf Naxos para la Boston Lyric Opera, a la que siguió La flauta mágica en el Metropolitan Opera de Nueva York.

El maestro Nielsen dirige por primera vez a la Orquesta Sinfónica de Bilbao en el 2012 en una producción de la ópera de Korngold, Die Tote Stad y, a raíz del gran éxito obtenido y otras invitaciones en conciertos sinfónicos, fue nombrado en el 2015 director titular de la misma, cargo que mantendrá hasta septiembre del 2024.

Ha sido además director musical (2016-2018) del Teatro de Opera de Basilea y más recientemente (2022) nombrado director musical del “Tiroler Festspiele Erl”

Entre sus más recientes y futuros proyectos cabe destacar la producción de la Tetralogía de Wagner, para el Tiroler Festipiele Erl, con puesta en escena de Brigitte Fassbender, y que repetirá el próximo verano, así como Aida en Fráncfort, El amor de las tres naranjas en Dresden, Oedipux Rex con la première de Samy Moussa Antigone en la Opera Nacional de Amsterdam, Salome en Zürich, Rusalka y Norma en Dresden, la première de Manfred Trojahn, Eurydice die Liebenden, blind en Amsterdam, y Peter Grimes; Das Rheingold y Karl V de Krenek en la Opera de Munich, así como conciertos sinfónicos con la Orquesta Cívica de Chicago, la Kölner Kammerorchester, la Ópera Real de Suecia, la Basel Sinfonieorchester, la Orquestra Sinfonica Portuguesa de Lisboa, la RTE National Symphony Orchestra, Orchestre Philharmonique de Strasbourg, Philharmonie Südwestfalen, Ensemble Intercontemporain, Ensemble Modern, Junge Deustche Philharmonie, la World Youth Symphony Orchestra del Interlochen Arts Camp, la Royal Northern Sinfonia, y diferentes orquestas españolas. Próximamente, además de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, regresará nuevamente a Madrid para dirigir la Orquesta de RTVE.

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