Concerts
BOS SEASON 15-2010-2011
W. Kilar: Orawa
N. Rota: Concierto “Soirée” para piano y orquesta
L. van Beethoven: Sinfonía nº 3 en Mi bemol mayor, “Heróica”
Benedetto Lupo, piano
Antoni Wit, director
DATES
Venta de abonos, a partír del 8 de julio.
Venta de entradas, a partir del 15 de septiembre.
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Pero, vamos a ver, quién de vosotros dos es el angelito y quién el demonio
Hay ocasiones en las que nuestros conflictos interiores están tan bien reglados que da gusto verlos. Un semáforo en rojo. Ni un coche en mil kilómetros a la redonda. Un sobrino en cada mano. Un angelito aparece flotando sobre tu hombro derecho y te dice que ni hablar. Un pequeño demonio, acodado en un oreja izquierda, ni siquiera se toma la molestia de decir nada; sólo se mira las uñas y levanta una ceja divertido. Al final aguantas como un campeón los tres minutos y medio que dura el rojo eterno, y hasta es posible que aproveches a partir del 2’15’’ para impartir un refuerzo de doctrina cívica a tus sobrinillos; ahí, ejemplarizante.Comida en casa de la tía de uno de tus amigos. Sopita de ajo de primero. Amplísimo, generoso y sediento tiesto en las proximidades. Un tiesto palabra de honor que diría Balenciaga. La tía sale al pasillo a responder al teléfono. Cruce de miradas con tu colega. El angelito a estribor que se desespera, sabiéndose ya derrotado y duchado con la túnica apestando a ajo. El demonio a babor de nuevo no ha dicho ni mu, de tan evidente que veía el tema.Pero, ay, las cosas no siempre están tan claras. Tomemos el caso de nuestros queridos compositores en el trance de arrancarse con una nueva obra. Partitura en blanco. Lápices bien afilados y goma de borrar. Mirada perdida en la lejanía a través del ventanal del estudio. Quien nos ha encargado la pieza ha dejado bien claro que tiene plena confianza en nuestro genio intemporal, inmaterial e intodo. Que tenemos carta blanca y que nos quiere sin ataduras.
En suma, una manumisión envenenada. Hasta es posible que nadie nos haya contratado y que seamos nosotros mismos los que queramos echar el lazo a algunas de las centenas de músicas que nos habitan.
Empezamos a oír voces sobre nuestros hombros. El problema es que nos han mandado un ángel y un demonio que parecen ser gemelos y no hay quién los distinga por la voz.
–No te pongas académico clásico, que eso ya lo tienes superado. Explora y métete en camisas de once varas.
–No te pongas académico vanguardista, que eso ya lo tienes superado. Busca al público y hazles un regalo. Una música que los acompañe durante años.
–No te me rajes y no te vendas a lo fácil. ¡El arte está en la frontera!
–¿De verdad estás seguro de que puedes parir una obra que guste al gran público? A ver si te la vas a dar…
–¿Y si tiras por el rollo místico, que ahí como que vale todo? o, si no, por las matemáticas, que me han dicho que estos fractales te hacen la composición ellos solitos.
–¿Pero tú no formabas parte de una escuela, de un estilo? Tu mutis va a dejar en fuera de juego a tus compadres…
–Esta obra que pide permiso para aterrizar es rara de narices pero, mira tú, da gusto oírla.
–Esta obra que pide permiso para aterrizar es más tradicional que el agua en botijo pero, mira tú, da gusto oírla.
–Ahora que has archidemostrado que gustas a la gente de la calle, ¿por qué no haces un poco de música clásica, de esa de vanguardia? Aprovéchate de tu notoriedad para ayudar a rescatarla.
Y así pasan el rato, cruzándose comentarios y consejos sin que sepamos muy bien cuáles son los de Darth Vader y cuáles los de Tambor, el amigo de Bambi. Los ángelitos y los demonios son muy útiles para la cosa ética pero, la verdad, para la cosa estética no sirven de mucho. Cómo vamos a ir contracorriente, si ni siquiera sabemos para dónde tira la corriente…
Al final los artistas de verdad, la gente que lo lleva en la sangre y en las tripas, opta de manera natural por la diversidad y el meneo. Les gusta cambiar de barrio. El programa de esta noche recoge ejemplos de tres de estos traslados. Wojciech Kilar y Nino
Rota consiguieron desaprender un montón de asignaturas del conservatorio para ofrecernos sus músicas cercanas. Lo de Beethoven fue justo lo contrario: el conservatorio de Viena todavía ni existía y ya dejó el futuro plan de estudios descalabrado con su “Heroica”.
Wojciech Kilar nació el 17 de julio de 1932 en Lwów y recibió la nacionalidad polaca de puro milagro. 15 años antes habría sido austriaco. 10 años más tarde alemán y 5 más allá soviético; en la actualidad es una ciudad ucraniana. Lwów oyó las pisadas de muchas botas. Parte de la película “La lista de Schindler” se rodó allí en 1992. La banda sonora fue de John Williams pero, no por casualidad, el trailer del film se montó sobre Éxode, de Kilar.
En el siglo XX no fueron pocos los compositores que colaboraron de manera regular con el séptimo arte. Shostakovich, Bernstein, Weinberg, Herrmann, Schnittke, Morricone… Wojciech Kilar es uno de ellos, Lleva compuestas más de un centenar de bandas sonoras. Muchas de ellas para el mercado polaco y otras muchas para el planeta Tierra. Drácula de Bram Stoker, El Pianista, El Show de Truman o La Muerte y la Doncella. De un compositor así se puede decir de todo menos que le falten ideas melódicas o capacidad de llegar a su público. Antes de su reconocimiento internacional el mundo musical ya había recibido su obra Orawa, compuesta en 1986, como una de las pocas obras de factura minimalista que, por fin, no caía en la repetición grotesca de un motivito de 2 segundos.
Ciertamente el minimalismo estaba ahí. La pesadilla de un profesor de conservatorio. Sencillez extrema, repeticiones infinitas y renuncia expresa al desarrollo melódico. Pero, de alguna manera, Kilar sabía lo que se hacía. Este canto rítmico dedicado a las montañas y al río no es una burla, no es fruto de la falta de creatividad; es una obra perfecta en su género. Diez minutos hipnóticos, rotos por un grito. Una pieza que gustaría en el Tibet.
Nino Rota (Milán 1911, Roma 1979) fue, durante más de un cuarto de siglo, el médium musical de Federico Fellini, desde El Jeque Blanco de 1952 hasta Prova d’Orchestra de 1978. En medio seguía ayudando a Visconti, Zefirelli y a otros italianos nacidos un poco más allá: Francis Ford Coppola rodó sus dos primeros Padrinos sobre su música. Pese a trabajar en docenas y docenas de bandas sonoras Rota siempre sacó tiempo para componer otros repertorios. Así es como en septiembre de 1962 estrenó en el Teatro Olímpico de Vicenza su propio Concerto Soirée. Un regalo que se había hecho a si mismo en calidad de pianista y que, como era de esperar, le gustó una barbaridad.
Como en el caso de Kilar, la cercanía de estas melodías, sus guiños a lo popular y las voces ausentes de mecanismos vanguardistas no pretendían ser un ninguneo a su tiempo. Eran, de nuevo, el producto de una mente musical que quería compartir su talento con la gente. La obra se presentaba como una pequeña locura, alejada de las grandes tradiciones formales que habían entrado en el siglo XX con Rachmaninov.
Un concierto que empieza con un Vals, acaba con un Cancán y está atravesado por melodías prestadas de sus películas sólo puede ser una declaración de heterodoxia respetuosa y gamberra. En realidad la factura se corresponde más con el género de la fantasía o de la suite, tal y como Stravinsky había ido cultivando en sus piezas concertantes. Una obra mestiza a sabiendas. Si de algo le sirvió a Nino Rota ser profesor y director del conservatorio de Bari durante casi 30 años fue precisamente la posibilidad de respirar el mismo aire que su alumnado. Los jóvenes en proceso de formación aman la tradición pero no se sienten cautivos de ella.
Eso sí, si de lo que se trata es de darle patadas a la tradición y de reescribirla con buena letra, nadie con más experiencia en el ramo que Ludwig van Beethoven (Bonn 1770, Viena 1827) Su Tercera Sinfonía, compuesta entre 1802 y 1804, fue el primero de sus ejemplos de rebeldía; su preferido según una declaración al poeta Kuffner en 1817.
Beethoven resultó ser uno de los pocos compositores que han tenido el chusco honor de componer sendas obras sinfónicas con intenciones contrapuestas. Su Sinfonía Heroica op. 55, estrenada en abril de 1805, cantaba los éxitos y la figura de Napoleón, espejo y ejemplo para la humanidad. Al poco, la Sinfonía de la Victoria op. 91, estrenada en septiembre de 1813, aplaudía con el mismo fervor la derrota de sus ejércitos a manos de Wellington en la batalla de Vitoria. Rota Fortunae.
Pero Beethoven jamás abjuró de los ideales recogidos en su Heroica: la grandeza de la humanidad y el mito de Prometeo, que ya había visitado en su precedente op. 43 de 1801. La obra le salió tan grande que en la primera edición tuvo el cuidado de añadir en la particella de violines “Esta sinfonía, habiendo sido escrita a propósito más larga de lo normal, debe ser tocada más cerca de principio que del final de una velada […] a fin de que no pierda para el auditor, ya fatigado de las obras precedentes, su propio efecto”.
Y sí que le salió larga, sí. Casi una hora. La sinfonía más extensa jamás compuesta hasta aquella fecha. Las quejas no se hicieron esperar. En un primer momento Beethoven andaba algo preocupado pero pronto decidió que, con el tiempo, la sinfonía se iría acomodando en los cerebros del público. O, mejor dicho, que los cerebros del público se acomodarían a su sinfonía. A ésta y a las que estaban por llegar. Parece ser que tenía razón. Sobre los hombros de Beethoven –como pasa con la gente especial– se divertían dos angelitos; probablemente con túnicas rojas pero dos angelitos.
Joseba Berrocal
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WERTHER – J. MASSENET
Place: Euskalduna Bilbao
Inicia 2026 la ópera cumbre del romanticismo francés: Werther de Jules Massenet, basado en el clásico epistolar de la literatura universal «Los sufrimientos del joven Werther» de Goethe, que trata sobre la experiencia profunda del amor que no encuentra la felicidad.
Este drama lírico en cuatro actos y cinco cuadros de argumento extremadamente romántico narra la historia de amor imposible entre Werther y Charlotte y destaca por su delicada línea melódica y elegante revestimiento orquestal. Para dar vida a los personajes de esta historia y afrontar su complejidad musical, ABAO ha reunido un elenco encabezado por Stephen Costello, que debuta en la asociación; a su lado una de las mezzosopranos más importantes del momento: Annalisa Stroppa.
La dirección musical está a cargo de un gran especialista en el repertorio francés, Carlo Montanaro, al frente de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa para abordar esta partitura de esmerada, poderosa, bella y rotunda orquestación cuyos momentos emblemáticos aún hoy causan gran efecto sobre el público.
En escena un espectáculo de belleza poco común de Rosetta Cucchi para el Teatro Comunale di Bologna. Con un estilo cinematográfico, destaca por su intensidad dramática y poética, su capacidad de implicación, el refinamiento de las escenas y el atractivo del vestuario.
CAMBIOS REPARTO
El tenor Celso Albelo interpreta el rol de Werther en sustitución de Stephen Costello.
ELENCO
Charlotte Annalisa Stroppa
Sophie Lucía Iglesias *
Albert Àngel Òdena
Le Bailli Enric Martínez-Castignani
Schmidt Josu Cabrero
Johann José Manuel Díaz
Katchen Olga Revuelta
Werther Celso Albelo
Bruhlmann Martín Barcelona
EQUIPO ARTISTÍCO
Director Musical Carlo Montanaro
Coro Coro de niños
Leioa Kantika Korala Director Del Coro Esteban Urzelai Eizagirre
Dirección De Escena Rosetta Cucchi
Producción Teatro Comunale di Bologna
Orquesta Bilbao Orkestra Sinfonikoa
* Debuta en ABAO
Maestro de maestros
Place: Euskalduna Palace,Bilbao
Joaquín Achúcarro, además de su brillante carrera internacional, ha desarrollado una intensa actividad pedagógica, sobre todo en su cátedra en Dallas, de la que han surgido excelentes pianistas. Rendimos homenaje a esta faceta del maestro en la figura de su alumno y gran concertista Alessio Bax, ante ese tótem del repertorio que es el primero de Brahms. Stravinsky, una de las especialidades de Erik Nielsen y el recuerdo a nuestro Arriaga en su bicentenario completan el programa.
J. C. Arriaga
Obertura Op. 20
J. Brahms
Concierto nº 1 para piano y orquesta en re menor Op. 15
I. Stravinsky
El pájaro de fuego, Suite
Alessio Bax, piano
Erik Nielsen, director
Cámara 5
Place:
200 Arriaga
C. Frühling
Trío para clarinete, violoncello y piano en la menor Op. 40
Trío de clarinete, violonchelo y piano BOS
J. C. Arriaga
Cuarteto nº 3 en Mi bemol Mayor
Cuarteto de cuerda BOS
La Quinta de Tchaikovsky
Place: Euskalduna Palace,Bilbao
Cuando Tchaikovsky presentó al mundo su quinta sinfonía, ya era considerado el primer compositor de Rusia, un país que se tomaba muy en serio la música. Y en ella cumplió el objetivo de los grandes: sonar universal sin renunciar a sus raíces nacionales. Shostakovich, por su parte, se dió una tregua para regalar un precioso concierto, ligero, elegiaco y ensoñador, a su hijo Maxim. Para abrir, un joven Ligeti rindiendo homenaje al folklore de su Rumanía natal.
G. Ligeti
Concert Românesc
D. Shostakovich
Concierto nº 2 para piano y orquesta en Fa Mayor Op. 102
P. I. Tchaikovsky
Sinfonía nº 5 en mi menor Op. 64
Simon Trpčeski, piano
Pablo González, director
